
Cada vez que un médico me contacta, la primera pregunta que le hago es: ¿quién es tu paciente ideal? 🤔 Y ya no me sorprendo cuando les cuesta mucho responderla.
Algunos responden con una definición amplia del estilo “hombres y mujeres de entre 20 y 70 años”.
Otros me dicen que su paciente ideal es simplemente el que puede pagar lo que cobran. Pero ¿es así?
¿Te parece ideal el paciente tóxico que te paga pero te escribe a toda hora, cuestiona cada indicación, se queja de todo y te genera un desgaste enorme? Ese que ves en tu agenda y honestamente no tenés ni ganas de atender. 😓
¿Y por qué es importante definir a tu paciente ideal? Porque si vos no lo tenés claro, nunca vas a lograr atraerlo. Y así vas a seguir atendiendo al paciente que te llega, al que te paga, sin que exista una elección real y consciente de tu parte.
Muchos médicos atienden un gran volumen de pacientes con los cuales no disfrutan trabajar. Y esto tiene un costo oculto enorme: agotamiento, desmotivación, frustración y pérdida de sentido. ⚠️
Siempre digo que así como el paciente tiene derecho a elegir a su médico, el médico también tiene derecho a elegir a su paciente.
Muchos médicos que participan en mis programas me cuentan algo muy interesante: el solo hecho de hacer el ejercicio de definir en profundidad a su paciente ideal hace que lo empiecen a atraer, casi de manera automática. Parece magia ✨, pero es estrategia.
Cuando definís a tu paciente ideal, empezás a entenderlo en profundidad y a enfocar tu mensaje en él. Y cuando el mensaje es claro y específico, ese paciente se siente identificado.
Pero cuando tu mensaje apunta a “todos”, al final no conecta con nadie, tu comunicación pierde fuerza… y tu consultorio, relevancia.
Cuanto más clara y específica sea la definición de tu paciente ideal, más preciso será tu mensaje. Y cuando el mensaje es preciso, ese paciente se identifica con él, y eso construye confianza, autoridad y desde ahí te elige. 🎯
Mi recomendación es simple, pero poderosa: obsesionarte con conocer a tu paciente ideal.
No desde lo superficial, sino desde lo profundo. Qué lo moviliza, qué lo frena, a qué le tiene miedo, qué desea, qué valora, qué espera de vos.
Cuando te enfocás en tu paciente ideal, lo atraés más. Y a medida que lo atraés, lo entendés mejor. Y ese círculo virtuoso se vuelve cada vez más fuerte.
Muchos profesionales creen que al enfocarse en un nicho pierden oportunidades.
Pero en un mercado tan saturado, en el que el paciente puede comparar a cientos de médicos en cuestión de segundos, es mucho más difícil diferenciarse siendo generalista.
Ahora, ¿cómo elegís a ese paciente ideal?
Para hacerlo te propongo este ejercicio:
• Pensá en los pacientes con los que más disfrutás trabajar.
• Pensá en los tratamientos que más disfrutás realizar.
• Pensá en los tratamientos en los que mejores resultados lográs.
En la intersección de esas tres variables aparece tu paciente ideal.
Y una vez que lo definís, enfocá todo lo que hacés en él. Cada decisión, cada proceso, cada contenido. Preguntate siempre: ¿esto le gustará a mi paciente ideal? ¿esto le suma valor?
Si querés que te ayudemos a identificar y construir estratégicamente a tu paciente ideal, te invito a sumarte a nuestra Maestría en Gestión de Consultorios. 🚀
